jueves, 25 de febrero de 2010

Aquellos pises trajeron estos barcos




La historia que les traigo hoy se que les va a resultar muy curiosa, lo mismo que la forma en que se gestó.

Leyendo diferentes artículos sobre la 33ª edición de la Copa América, me topé con un uno de ellos que señalaba al magnate Ernesto Bertarelli, dueño del Alinghi, como ex propietario de la multinacional farmacéutica Serono.

Ese nombre enseguida hizo saltar un click en mi cabeza, disparando una asociación de recuerdos. Después de unos breves segundos, hallé la respuesta: Serono era el nombre de la empresa que recogía el pis en nuestro cuartel cuando hice la mili allá por el año 1993.

Sí, sí, han oído bien, los militares de la Escuela de Transmisiones del Ejército del Aire en Cuatro Vientos (Madrid) podíamos, si así lo deseábamos, donar nuestra orina para fines farmacéuticos. La verdad es que esa posibilidad nos sorprendió a todos y comentándolo con familiares y amigos, incluso reclutas de otros cuarteles, nadie conocía una práctica tan singular.

Muchos de los compañeros de reemplazo mostraban suspicacias sobre la finalidad de tal recogida, pensando sobre todo que era una forma de comprobar si había consumo de sustancias prohibidas dentro del cuartel.

Las muestras se obtenían en unos bidones transparentes ubicados al efecto en algunos de los servicios del cuartel, cerca de los urinarios de pié. Esos recipientes de gran tamaño estaban coronados por una especie de cuñas a la altura de la zona propicia para realizar tal menester y eran reemplazados por otros nuevos cuando estaban llenos.

Para mi asombro, intentando corroborar mis recuerdos con San Google, encuentro una serie de noticias de aquella época que hablan de una trama de la orina en el ejército y que informan sobre la implicación de ex altos cargos del PSOE. Informaciones que acabaron llegando a nuestro Parlamento tratando de aclarar esa oscura y singular concesión.

Mucho dinero estaba en juego. Gracias a la donación voluntaria y completamente desinteresada de militares como yo, como consecuencia de una concesión por la cual, en principio, nuestro ejército no percibía ninguna contraprestación, la industria farmacéutica conseguía sintetizar los principios activos de sus costosos tratamientos.

Sin embargo, no sólo la orina de los hombres estaba enriqueciendo a Serono. Sus investigadores habían descubierto que la orina de las mujeres en la menopausia contiene una sustancia natural, la gonadotropina, que se presta para sintetizar un fármaco destinado a luchar contra la infertilidad.

Para disponer de una buena calidad y de grandes cantidades de esta “materia prima”, durante años Serono tomó muestras de orina en los conventos italianos, con el consentimiento del Vaticano. Así, gracias a la contribución de las monjas que hicieron los votos de castidad, la empresa comercializa uno de los primeros medicamentos capaces de estimular la fertilidad.

Pero las italianas no fueron las únicas que colaboraron desinteresadamente con la multinacional, dicho mérito hay que atribuírselo también a las españolas y más concretamente a las madrileñas, como se puede comprobar en esta pregunta en el Senado.

Pues bien, ya estamos de nuevo el presente y aquellas procelosas aguas menores, que Serono consiguió desinteresadamente obtener, han vuelto a nuestro país y más concretamente a Valencia, de la mano del magnate suizo.

Siguiendo de una forma lógica esta sucesión de hechos, me veo obligado irremediablemente a sentirme responsable de que Valencia haya podido disfrutar estas dos últimas ediciones de las regatas de la Copa América.

Nota.- Perdónenme si parte de la entrada les ha parecido algo escatológica, aunque les prevengo que la asociación de ideas que ha desatado en mi memoria me ha traído otro recuerdo de la época, otra curiosidad de la que pronto prometo hablarles aquí.