La Semana Santa ha llegado a Zamora y, como cada año, la ciudad se transforma dispuesta a vivir un aluvión de momentos de pasión.
Las calles del casco antiguo mudan sus colores, cambian su olor y atenúan su luz. Los miles de turistas que nos visitan se sorprenden del silencio, el respeto y el recogimiento con el que nuestras gentes acogen los desfiles procesionales. Aquí la pasión de Cristo se vive de un modo diferente, único.
Desde bien pequeño siempre he sentido una gran admiración por nuestra Semana Santa, aunque no formo parte de ese numeroso grupo de zamoranos que sale en las procesiones, normalmente en más de una cofradía. Siempre me ha gustado vivirla desde fuera.
Cuando uno tenía unos cuantos años menos esta semana suponía estar prácticamente todo el día fuera de casa. Uno era capaz de tirarse horas esperando el paso de la procesión en primera fila, luego verla en determinados rincones y, a veces, por ambos lados, si salían muchos conocidos.
En esos días todos los zamoranos salen a la calle, inundan las aceras, esperan con sosiego los desfiles comiendo toneladas de pipas y disfrutan de esos momentos mágicos que cada cual vive íntimamente. ¡Qué difícil resulta hablar de algo que uno lleva tan profundamente en el corazón!
Aunque hay multitud de momentos de pasión, quiero compartir algunos de ellos. Sin duda, para mí, sobre todo uno, refleja lo que es nuestra Semana Santa, la procesión del Jueves Santo de la Hermandad de Jesús Yacente.
El cristo yacente entrando por una de las esquinas de la Plaza de Viriato, una plaza cuadrangular en la que esperan dispuestos todos los cofrades, una plaza en la que, en la oscuridad de la noche, no cabe ni una alfiler. Una vez que el cristo entra en la plaza, la pequeña campana que acompaña la imagen dejan de sonar y el coro de la hermandad comienza a entonar el Miserere, casi 8 minutos que te encogen el corazón, te ponen los pelos de punta y te resecan la garganta. El tiempo necesario para que la escenificación vívida de la muerte de Jesús de la vuelta completa a la plaza.
Pero esta semana nos brinda otros preciosos momentos, imágenes y sonidos que perdurarán en nuestra memoria: el eco del bombardino de las Capas Pardas, la Virgen de la Esperanza cruzando el río, el canto del Jerusalem, el juramento del Silencio, los acordes de la marcha de Thalberg...
El Viernes Santo llegó,
sopas de ajo y ronco tambor.
Recordarás
tiempos de mi niñez,
juventud, que se fue,
volverán.
Una mañana sin par,
algo sublime,
difícil contar.
Suave mañana
de sin par color,
son momentos tan emotivos,
...
zamoranos muy unidos,
disfrutemos.
... el baile del cinco de copas a la salida de la iglesia de San Juan, la reverencia en la madrugada del Viernes Santo...
Desde aquí les invito a vivirlos en primera persona. Si hay un momento para visitar Zamora, desde luego es en estas fechas. ¡No se arrepentirán!
Sabiduría de viejo lobo de mar (70)
-
*Si el grumete supiera,*
*y el patrón pudiera,*
*todo se hiciera.*
Hace 22 horas